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Carmen Gonzaelez Abogada, Blog

Nos encontramos ante un verdadero vacío legal. El art. 96 del Código Civil, protegiendo el interés de los menores, les atribuye  el uso del domicilio familiar, pero lo que no contempla ni éste ni ningún otro precepto legal, es cómo se protege de cara a la vivienda  el interés de los hijos nacidos de madres diferentes y contrapuesto en ocasiones,  para procurar que ninguno de ellos  salga especialmente perjudicado.

La Sentencia del Tribunal Supremo de 17/10/2017, confirmando la sentencia de la Audiencia Provincial de Huelva, que a su vez revocó la del Juzgado de Instancia, lo resuelve en el sentido de atribuir su uso al padre ,que además de ser  el propietario del inmueble, es  el progenitor de  otra menor, que acude con frecuencia al domicilio de la nueva familia del padre,  -a pesar de que  no tiene atribuida su custodia-,lo que conlleva que  ha entablado una relación afectiva con su hermana de padre.

Las razones que fundamentan su decisión son:

-La hija del demandado está totalmente integrada en la nueva familia de su padre y está viviendo con ellos en la vivienda familiar de éste nuevo núcleo, en los periodos que disfruta de la compañía de su padre.

-Esta vivienda es también el vínculo entre las hermanas.

– Atribuyendo su uso al padre se consigue mantener el encuentro entre las hermanas en la vivienda que convivieron , mientras que  si el uso se atribuye a la hija común  y a su madre, bajo cuya custodia queda, se vería desplazada la otra hija menor del padre y desfavorecidas ambas en sus necesidades de convivencia con el progenitor que tienen en común.

-No tiene que aplicarse necesariamente el art. 96 del Código Civil a favor de la hija común del matrimonio porque el art. 96 no prevé la situación cuando está implicado el interés de dos hijas de madres diferentes.

-Por aplicación  del artículo 92.5 hay que procurar no separar a los hermanos aunque sus progenitores sean diferentes.

-Y porque el interés del menor es la suma de distintos factores que tienen que ver no solo con las circunstancias personales de sus progenitores y las necesidades afectivas de los hijos tras la ruptura, sino con otras circunstancias personales, familiares, materiales, sociales y culturales que deben ser objeto de valoración para evitar en lo posible un factor de riesgo para la estabilidad de la niña, y que a la postre van a condicionar el mantenimiento de un status, sino similar si parecido ,al que disfrutaba hasta ese momento.

Afortunadamente nuestros tribunales empiezan a valorar y ponderar otras circunstancias, que sin perjudicar el interés del menor, y sin dejar de protegerlo, abren la puerta a la no atribución automática del domicilio familiar al menor y al cónyuge al que se le atribuye su custodia.

Autora: Carmen González, Especialista en Derecho de Familia y socia en Circulo Legal.

Si deseas ampliar la presente información estaré encantada de atenderte. Puedes mandarme un email a carmen.gonzalez@circulolegal.es.

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